Premisa, pretensión,
deambulación obceca.
Píxels y bytes sobre poemas en espacios apátridas,
lofts virtuales de intenciones mancas.
Citas ,sine die, ausentes de verbos pluscuamperfectos,
vaciadas de modas y poses, de formateos y agendas.
Vidas en off, de manos libres,
huérfanas de muertos y parientes,
espejos irreflejos y referencias necias.
Jornada venidera de cultural agnosticismo en versión original,
retratada por dioses y diosas mediocres.
Impalpable hangar obscenamente deseado,
oferta lasciva para ser poseída una y otra vez,
sin necesidad de ser correspondida.
Trampantojo social con Passe-partout de piedra,
instalada en el paisaje urbano de caballete manco.
Huella de manos precisas con tiento poético,
beso y verso de ladrillo con métrica de sombra y luz.
Lámina viva de cal, con marco de cielo y suelo,
esperando al paredón que le rescate del olvido.
El tótum revolútum o aburrimiento organizado,
razonado o visceral de santa o puta.
Tangible y ficticia, la irónica y explícita,
fractal e inmutable, sensual, burda o lírica,
travestida y desnuda.
domingo, 22 de febrero de 2009
domingo, 23 de noviembre de 2008
La invasión de los ambientadores
Todas las mañanas, legañosamente despierto, me arrastro pavorizado hasta el cuarto de baño. Una vez allí y a golpe de cerviz, alzo mi cabeza y comparezco ante el espejo. Exploro mi cara con mis torpes ojos y atisbo mi nariz. ¡Albricias!, está ahí, con sus dos agujeritos y todo. Resoplo de gusto y suspiro del susto. Esas armas letales de olores naturales, uniformadoras arbitrarias de pituitarias no han podido amputar mi apéndice mejor erguido y sustituido por una fresa virtual.
La pesadilla de la noche es la realidad del día y no me atrevo a salir a la calle. La cafetería huele a naranjas de la China, en el coche a membrillo podrido, en la librería a Ajaxpino, en el cine a casa de citas, y no precisamente literarias, y en la mayoría de los aseos te atraca la duda de si la resolución de los apretones es en realidad un manojo de rosas.
Los hijos bastardos de los aromas campean por todos los locales de la ciudad, algunos incluso disfrazados de setas. Yo, me quedo en casa bien pertrechado de tinto y tinta. Quizás aquí pueda conservar «el sentido».
La pesadilla de la noche es la realidad del día y no me atrevo a salir a la calle. La cafetería huele a naranjas de la China, en el coche a membrillo podrido, en la librería a Ajaxpino, en el cine a casa de citas, y no precisamente literarias, y en la mayoría de los aseos te atraca la duda de si la resolución de los apretones es en realidad un manojo de rosas.
Los hijos bastardos de los aromas campean por todos los locales de la ciudad, algunos incluso disfrazados de setas. Yo, me quedo en casa bien pertrechado de tinto y tinta. Quizás aquí pueda conservar «el sentido».
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Microrrelatos
SÚPER
Atrincherado entre las tapas de mi querido diccionario, oigo silbar a diestro y siniestro expresiones de este pelaje: "Esto es superdifícil", "Estaba superbien", "Son superbaratos", "Es superfuerte", "Estoy superagusto", "Música superguay", etcétera. Aterrado por el superávit de superfluas y superficiales pijo-expresiones, temo por mi supervivencia verbal. Tengo pesadillas; el acoso es tal, que anoche soñé que pedía para mi coche gasolina súper, teniendo un diesel. La verdad despierta es que no tengo ni coche. Mi psicoanalista me ha aconsejado que empiece por llamarle al supermercado "hiper". No quiero cruzar los dedos, no vaya a ser que me convierta en un ser supersticioso.-
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